Sobre mí

 

Mi historia comienza a gestarse en Monóvar empezado el año 1970, cuando mis padres, teniendo ya dos retoños varones (Rafael y Lorenzo) deciden tener una nena. Pero yo, que desde muy pequeño fui un rebelde, decidí engendrarme niño también. Así que mis padres, que no se lo tomaron a mal, todo hay que decirlo, decidieron llamarme Carlos, y dejar el nombre de Adela para la siguiente ocasión, que entonces sí les resultó.

 

 

 

El caso es que, temiendo nacer el día de Reyes y perderme un regalo al año, opté por salir a este mundo el 4 de enero de 1971. De este modo me aseguré tener regalito de cumpleaños.

 

 

 

TIEMPOS MOZOS

 

 

Empecé a crecer, poquito a poco, y a jugar por las calles de Monóvar. En aquella época se podía jugar por las calles. Cualquier puerta de garaje servía de portería y tan sólo de cuando en cuando había que parar el partido porque venía un coche. El parque del Casino era para nosotros como la jungla. Extenso y lleno de vegetación. Jugábamos en los columpios un grupito de buenos amigos: Santi Maestre, Gaspar, Palomares, Polito, Buendi, Julio, Liberto, Santiago Marín, Gustavo… Cuando la luz del día comenzaba a diluirse, lo hacíamos en los jardines. Buscábamos entre las hojas aquellos gusanos de luz que había entonces, y que hace toda la vida que no he vuelto a ver. Cuando queríamos jugar al fútbol en un campo completo recurríamos a montar con piedras dos porterías en el “Campo Marín” y jugar allí. Como yo no era muy hábil con el balón en los pies quedé relegado a la portería, donde me desenvolvía bastante mejor. Pero eso provocaba que llegara a casa con las rodillas de los pantalones rotas, por lo que mi madre (santa paciencia) tenía que coserme esos horribles parches ovalados en mitad de los camales.

 

 

 

La primera crisis existencial la tengo un domingo de Comuniones cuando me entero que mi amigo Santiago Marín ha fallecido. ¿Cómo es posible que un amigo, con 8 años, desaparezca de la noche a la mañana? ¿Tan mal hechos estamos?

 

 

 

Jugaba con mis hermanos mayores a muchas cosas. Rafael, por cuyas venas corría el cine, nos organizaba a Lorenzo y a mí para jugar a “pistoleros e indios” como si fuésemos los protagonistas de algún western de John Ford. Con Adela los juegos solían ser menos violentos, principalmente porque no me atrevía a llevarle la contraria. Lo cierto es que lo pasaba muy bien con ella, y no tenía problema alguno por jugar a cosas que entonces se atribuía más a las chicas. De hecho, con el tiempo, muchas amigas de mi hermana lo eran también mías, por lo que valió la pena las horas invertidas. Eso me ayudó a saber mucho más sobre las mujeres, aunque no lo suficiente como para comprenderlas.

 

 

 

 

 

 

TIEMPOS DE JUVENTUD

 

 

 

Seguía pelándome las rodillas en las porterías de fútbol, pero ya no era la única inquietud que tenía. Me encantaba dibujar, que era algo que Rafael y Lorenzo hacían muy bien y yo aprendí mirándolos a ellos. Llenaba hojas y hojas de dibujos, sobre todo de Mazinger Z y los demás personajes de aquella serie. Llegó, como quien no quiere la cosa, el año 85. Un año en que todo comenzó a cambiar a mi alrededor. Yo cumplí los 14, esa edad en que cuando tienes 13 crees que vas a realizar todos tus sueños. Te sientes mayor. Vas a 8º de EGB, el último curso del colegio. Las chicas te hacen caso y tú a ellas. En mi vida sentimental fui bastante precoz. Ya hacía tres años que solía tener novia. Novia de las que se llevaban entonces: vernos en el parque, contarnos chistes, compartir gominolas, y antes de que anochezca cada uno a su casa. Contaba en mi currículum con 15 breves noviazgos cuando vino “Antonio el Porri” para que pidiese salir a Loli. “¿Qué Loli?” – intenté disimular, pero no coló. Aunque yo jamás lo había reconocido, llevaba desde 6º de EGB coladito por Loli Oncina. Y debía de notárseme, porque yo, que entonces era resultón, tenía mucho éxito entre las chicas, y todas a las que pedí salir me dijeron que sí salvo una, Sandra, que me dijo: “No puedo salir contigo porque a ti te gusta Loli” y me dejó patidifuso. Era cierto, pero yo no se lo había confesado ni a mis mejores amigos. El caso es que “el Porri” me convenció, ella en vez de “si” dijo “claro”,  y el 30 de enero de 1985 empecé un noviazgo de 13 años ininterrumpidos con Loli.

 

 

 

En la pandilla eramos muy pocos chicos y muchas chicas (todo bien calculado) La sacudida nos llegó con la muerte de Martín. Había luchado contra su enfermedad como un valiente durante uno, puede que dos años. Finalmente se tuvo que ir. Nosotros, (yo al menos) no imaginábamos que la cosa pudiera acabar así. Chico, Martín, ¡cómo te echamos de menos! ¿Recuerdas las veces que recorrimos el Camino de Los Molinos con tu moto? Yo, que antes no había llevado motos de marchas, las cambiaba de dos en dos. ¡Qué bien lo pasamos! Guárdame un sitio cerca tuyo, anda, que cuando vaya yo nos vamos a reir un rato. Un abrazo.

 

 

 

 Y a mi mundo empezó a entrar de lleno la música. Por influencia de Lorenzo empecé a escuchar el “rocanrol” de Loquillo, mientras que Rafael me influenciaba con Elvis. El Rock era todo para mí entonces. Descubrí a los Beatles (bueno, los oí, porque ya hacía años que habían sido descubiertos) y me convertí en un beatlemaníaco. Uno de mis mayores tesoros fue el single Let it Be / You Know My Name (Look Up the Number) que me regaló Pepe Palomares cuando cerró la Discoteca Scorpions. Pero así y todo tenía tiempo para otras músicas. Llevaba 7 años en el Grupo de Coros y Danzas de Monóvar, haciendo bailes regionales. Allí coincidía con mi amigo Ginés. Cuántas veces lo hemos comentado después, con los años, yo rocker y el punky: “Si se enterasen los colegas nos perdían el respeto”, pero todos tenemos un pasado, ¿verdad? Tocaba la mandolina en la Rondalla Santa Cecilia de Monóvar. Junto a María José, mi primera amiga de verdad, y cuya amistad aún disfruto orgulloso, tocába música clásica y pasodobles de escenario en escenario. Fue ese mismo año cuando el disco Born in the U.S.A. llegó a España. Parecía que nuestro país se había resistido hasta entonces a escuchar a Bruce Springsteen. Tan sólo algún privilegiado tenía discos del Boss. Empezaron a pinchar en la radio la canción que daba título al disco y me gustaba, pero la que entró en mi alma fue “Glory Days” Yo entonces no tenía ni un duro para comprarme discos, por lo que me conformaba grabando en cintas de casette lo que sonaba por la radio. Las cintas eran bastante baratas y no había que pagar a la SGAE. Todo el mundo se grababa de la radio y copiaba los discos a casette para oírlos en el coche y las discográficas no se arruinaban por ello. Escuchaba mis cintas hasta que se quedaban enganchadas en el radiocasette. Mi madre, que siempre se enteraba de todo aunque parecía que estaba en sus cosas, se había dado cuenta de mi devoción hacia el Boss, así que cuando cumplí los 16, en enero de 1987, me regaló el detonante:  El disco de Bruce Springsteen & The E Street Band – Live 1975-1985. Cinco vinilos repletos de rock en directo. ¡Qué pasada! Desde entonces Springsteen pasó a ser para mí el número 1.

 

 

 

Siendo que en el instituto no me iba demasiado bien, en parte por mi culpa y en parte por las persecuciones que tanto mis hermanos como yo sufríamos por motivos políticos (y eso a finales de siglo XX), pedí a mis padres que me mandasen al Colegio Santo Domingo de Orihuela, donde había estado mi hermano Rafael y la experiencia había sido buena. El mismo año que él termina entro yo. Y ese primer año me resultó muy duro. Me costó adaptarme a horarios estrictos para madrugar, para estudiar, para comer, para descansar… y con unos niveles de exigencia en los estudios bastante altos. Una vez superado ese trago, empezó una de las mejores experiencias de mi vida. Fueron tres años conviviendo con algunas de las más buenas personas que he podido conocer; profesores, compañeros, trabajadores del Colegio, sacerdotes… También encontré algunos de los que no vale la pena acordarse, y que además no consiguen empañar el recuerdo de aquellos años tan especiales que me marcaron, más aún como persona que como estudiante. Y allí también empezé a jugar al rugby, quizás el deporte donde resulta más importante el compañerismo y la integración en un equipo. De Santo Domingo hay miles de historias que contar, pero no es éste el sitio. Si has soportado leer hasta aquí no voy a abusar ahora.

 

 

 

Cuando salía del Colegio me calzaba mis botas tejanas, mis vaqueros y una camisa y me lanzaba a disfrutar del fin de semana.

 

 

 

Terminado mi trayecto diocesano, me fui junto a mi amigo Rubén a estudiar programación informática y análisis de sistemas a Alicante, a la academia CEIS. Aunque en la actualidad ya no existe, entonces tenía bastante prestigio. Nuevos estudios, nuevos amigos, nuevos ambientes… Fue durante estos años cuando acuñé el alias que muchas veces utilizo en los juegos, en foros, en el mundo motero: K-Naia. (léase canalla) Todo vino porque cuando tenía ejercicios de programación los hacía con mi compañera de clase y amiga Nuria, y firmábamos como “K-Naia Software”. Cuando nos referíamos a uno de nosotros de forma individual lo hacíamos como “K-Naión” o “K-Naiona”, según correspondiese, pero dada la dificultad que en aquellos años había con los caracteres con tilde, “K-Naión” se fue quedando en “K-Naia”.

 

 

 

En estos años comenzaron mis contactos con el cine y la televisión. Hasta entonces se habían limitado a pagar las entradas y ver las películas, y mi relacción con la televisión iba poco más allá de darle un golpe al televisor en el sitio clave cada vez que éste perdía el color. Curiosamente volvía. Pues como decía, empecé a acercarme al mundo de la farándula, y todo gracias a Rafael. Él ya se estaba abriendo hueco en el cine y yo si tenía ocasión, allí estaba para atestiguarlo. Cuando, haciendo él de actor para un anuncio sobre el Servicio Valenciano de Empleo grababan en un hotel en la Malvarrosa, y viendo el responsable que quien hacía de cocinero tenía un aspecto bastante desaliñado, con una poblada barba y melena, decidió quitarlo de delante de la paella. Echó un vistazo por si encontraba algún otro cocinero y me lo propuso a mí. Acepté y fue mi primer papel. No cobre, claro, pero me sentía todo un Cary Grant. Cada vez que hacían el anuncio le pedía a todos que no parpadeasen para que no se perdiesen ese medio segundo en que yo aparecía en pantalla. Rafael seguía progresando en su trabajo y siempre me daba la oportunidad de disfrutarlo. Estuve en su primer rodaje como director, en “Juego de Llaves” (1994). Después en el segundo, donde además Loli, mi buena amiga María Jesús y yo participamos como figuración. Más tarde Rafael me regaló algo muy grande para mi: hacer de figuración en el rodaje de “Blasco Ibáñez” a las órdenes del mismísimo Luis García Berlanga. En esta ocasión sí cobré, nos dieron también de desayunar y recogimos unas cuantas anécdotas del rodaje junto a los actores profesionales.

 

 

 

 TIEMPOS DE ADULTO (QUE NO DE MADUREZ)

 

 

Aún pelándome las rodillas de portería en portería, me encuentro con que he terminado mis estudios, he sellado el carnet de paro durante un año y he trabajado nueve meses metido por las mañanas en un piso programando en Cobol. Va siendo hora de trabajar en serio, y de cobrar en serio. Presento currículum en muchas empresas y me presento a un par de oposiciones para administrativo. (siendo eliminado en ambas a las primeras de cambio) Planteándome ya, desesperado, trabajar para un amigo que tiene viñedos, entre mi madre y mi cardiólogo me disuaden. Voy entonces a una entrevista a Alicante, porque había una empresa, Miblex, que acababa de empezar en algo por aquel entonces bastante novedoso: el reciclaje de consumibles informáticos. Buscaban comercial y yo le aseguro a los gerentes que soy capaz de alcanzar las metas que me plantean. Cuando dias después me llaman para decirme que he sido seleccionado pienso: “¡Madre mía! A ver qué hago yo ahora.” Lo cierto es que aunque el inicio fue muy lento, mis jefes siempre me mostraron confianza y eso me ayudó mucho. Empecé en mayo del 97 y al acabar el año había superado el triple de las cifras que nos hábíamos propuesto. Trabajé durante dieciocho años en esa empresa. Crecimos bastante. Fui director comercial y tuvimos un equipo bastante majo. Con el tiempo todo empezó a cambiar, y acabó no pareciéndose en nada a la empresa original.

 

 

 

El 9 de mayo de 1998 Loli y yo nos casamos. Habíamos decidido que 13 años de noviazgo eran más que suficiente. La boda fue genial. A parte de lo que significaba para nosotros, compartirla con nuestras familias y con los amigos venidos desde multitud de sitios fue genial. Tan sólo se echó en falta a un par de invitados. Los demás vinieron todos.

 

 

 

En 1999 nos surge una oportunidad que no dejamos escapar. Bruce Springsteen viene a España, y actúa en Zaragoza. Allí estamos Loli y yo. Alucinamos con aquel concierto. Casi cuatro horas. Nada de teloneros. Bajo la lluvia aparecen Springsteen y la E Street band y nos regalan un concierto sublime. Hasta la lluvia sucumbió a él. Espléndido repertorio con cinco bises incluídos. Si algo nos faltaba para engancharnos al Boss ya había sucedido.

 

 

 

MOTERO

 

 

 

Año 2000. Ya llevamos medio año y la Tierra sigue entera. Las profecías que vaticinaban el final del mundo con el efecto 2000 no se han cumplido. Por fin, después de muchos años soñándolo, consigo comprarme una moto. Es una Honda Shadow 750 ACE2, que con el tiempo fui modificando hasta darle una estética particular. Disfruto de las carreteras, del aire en la cara y de los insectos entre los dientes (bueno, esto último no tanto). Comenzamos a rodar con la moto un grupo de amigos: Loren (mi hermano), Alfonso, Orlando (que al no tener aún moto viene de paquete conmigo), Carrasco, Salva, Antuliano, Aitor… Nos hacemos llamar los Balas Perdidas. Vamos aquí y allá con el único propósito de pasarlo bien. Con el tiempo nos integramos en un grupo más numeroso que se mueve por Monóvar. Son los Pájaros Locos. En principio es la misma idea: pasarlo bien sin complicaciones. Llegamos a juntarnos en la Gran Fiesta de la casita de Palomares alrededor de 60 personas. Después decidimos, en ánimo de corresponder a otros grupos, organizar una fiesta motera en Monóvar. La llamamos Terratrèmol y la organizamos con ayuda del Ayuntamiento, del pub Quinqué y de un buen puñado de empresas que colaboran. Mucho trabajo, esfuerzo y, la verdad, poco orden. El año siguiente vamos a más, organizando el Terratrèmol 07 en la Plaza de Toros. Fue un auténtico éxito. A partir de entonces yo me voy desconectando del grupo. Se organizan cosas en las que no me siento involucrado, como poner un puesto en la Feria o plantearse hacer estatutos y regular el grupo. Yo, que opino que estas cosas funcionan mejor anárquicamente, sin compromisos, opto por disfrutar de otros hobbies antes que crearme más obligaciones. La moto me queda para ocasiones contadas o para rodar en solitario, dos o tres motos como mucho. Mientras tanto parece que más integrantes del grupo están en la misma situación que yo y que la cosa se va apagando. Una pena que se pierda el espíritu de la Gran Fiesta.

 

 

 

 

 

 

PADRE DE FAMILIA

 

 

Ya estaba cansado de pelarme las rodillas en campos de fútbol de tierra, pero era la única forma de llevarme alegrías futbolísticas. Haber nacido del Valencia CF era muy bonito, pero muy sufrido. Yo había podido celebrar dos Copas del Rey, una Supercopa de Europa, una Recopa de Europa, una Supercopa de España, pero no la Liga. La última la ganó el mismo año que nací yo, en el 71. Entonces lo predije: cuando yo tenga un hijo volveremos a ganar la Liga. Finalmente llegó el 2002 y nació mi hija. María fue quien rompió la sequía. Verla nacer fue la alegría de mi vida, y encima ese año ganamos la Liga. Luego el Valencia ya cogió racha y no necesitó de mi ayuda para volverla a ganar.

 

 

 

El caso es que María llegó a casa, con sus enormes y expresivos ojos, y cambió todo. Las cosas empezaron a tener distinto significado, distinto enfoque, distinto valor. Todo empezó a girar en torno a ella. Y no era para menos. Jamás habíamos imaginado que alguien tan pequeño podía significar tanto para nuestra existencia.

 

 

 

El 17 de mayo de 2003 tuvimos una nueva cita con Bruce Springsteen. Esta vez en Barcelona, en la gira de The Rising. Enrolamos en la aventura a Rafael y Gemma, a Loren y a Orlando. Y realmente fue una aventura. El viaje fue toda una odisea que reservaré para contar aparte. El caso es que el concierto fue una pasada. Lo pasamos en grande y creamos nuevos adictos a los conciertos del Boss. Loli desea que en la próxima gira actúen en Valencia un sábado. ¡No es pedir ná!

 

 

 

En julio de 2003 se casan Adela y Florián. Menuda fiesta. La verdad es que he tenido mucha suerte con mis cuñados. Marcial y Mª Remedios los he tenido toda la vida, como quien dice. Al igual que Mayte. Son como mis hermanos. Florián es genial, emprendedor y el mejor cortador de jamón a este lado del Vinalopó. Orlando es sacrificado y capaz de adaptarse a cualquier cosa, y Gemma es un sol y un torbellino que arrasa por donde pasa.

 

 

 

Se anuncian las fechas para la gira del 2006, con la Segger Sessions Band, y van a Valencia el 21 de octubre, sábado. Tal como pidió Loli, pero se da la circunstancia de que ella no puede ir. Tiene un buen motivo: está embarazada y a punto de salir de cuentas. Me cuesta bastante convencerla de que está demasiado cerca de dar a luz como para meterse en un estadio lleno. Termina entrando en razón y a regañadientes se queda. Vamos Loren, Orlando, Mayte, Mónica, Ramón y yo. Concierto excelente y una pasta en móvil llamando a Loli.

 

 

 

Tres días después nace Eva. Nuestra segunda hija; la muñeca más tierna y cariñosa en algunos momentos, el terremoto más fuerte en otros. Pensaba que con la segunda todo se multipicaba por dos, pero lo hace al menos por cuatro. Tanto las preocupaciones y la faena como el disfrute y las alegrías.

 

 

 

Siempre quise practicar kárate. Me fascina el “Do”, la parte filosófica y trascendental de este arte marcial. Un día María, sin llegar a los cinco años, empezó a pedir que la apuntásemos a clases de kárate. Me parecía buena idea y en cuanto insistió un poco lo hice. Y me sirvió a mí de aliciente que terminé apuntándome también. Practico Kárate-Do condicionado por mi paupérrimo fondo físico, pero con mucha fuerza de voluntad y disposición para disfrutar del camino. Y en verdad que lo hago cada día acompañado de mi sensei Bartolo Escolar y mis sempais, a los que tengo muchísimo que agradecer.

 

 

 

En noviembre de 2007 viajamos a Madrid Loren, Loli y yo, vemos el concierto de Bruce Springsteen & the E Street Band en el Palacio de los Deportes y de nuevo en el coche a casa. Una paliza de viaje, pero valió la pena.

 

 

 

El 19 de julio de 2008 vamos de nuevo a Barcelona. Allí disfrutamos del mejor concierto que he visto en mi vida. Y he visto a gente grande, como Dylan, Ray Charles, Bryan Adams, Tom Jones o Van Morrison. Todos geniales, pero éste los superaba a todos. Incluso a los del propio Springsteen. Y estábamos tan cerca del Boss que casi pudimos tocarlo, sudamos y disfrutamos hasta la última nota. Rock and Roll sin cuartel de principio a fin. Yo entonces vaticino que no tardaremos en volver a verle en directo y Loli vuelve a desear en voz alta: “Podría venir más cerca de casa. A Benidorm, por ejemplo”. Y en esas estamos: contando los días que nos faltan, (12 mientras escribo esto) para disfrutar de Bruce y su banda en Benidorm.

 

 

 

 2008 sin embargo nos trae el palo más grande que hemos recibido. Siempre es duro que alguien se vaya, pero cuando más duele es cuando no se sigue el orden lógico de la edad. En septiembre de 2008 Gemma nos deja. Eso sí, antes nos ha impregnado a todos de su alegría y su descaro, de su positivismo y su forma de mirar hacia adelante, que nos sirve para sonreir a la vez que la lloramos. Y además me descubre a su marcha algo más por lo que admirar a mi hermano Rafael: su entereza, su fuerza para dar ánimos a los demás y agradecer el tiempo que han pasado juntos. Me apunto a la frase de Adela: “Eres nuestro héroe.” Y haciendo útiles tus enseñanzas, Gemmita, desde aquí te envío  y un besazo con toda mi alma, y recibo tu sonrisa capaz de iluminar hasta el lado oculto de la Luna,

 

 

 

Y entre unas cosas y otras, del fútbol me retiré, aunque de cuando en cuando me tientan y vuelvo a pelarme las rodillas alguna temporada. La música sigue impregnándolo todo en mi vida. No sólo el Jefe, sino muchos otros grupos y cantantes de Rock, Country, Blues… y Jazz, mucho Jazz.

 

 

 

Sigo viendo todo el cine que puedo. Rafael, además de ser guionista y director, dirige durante muchos años el Festival Internacional Cinema Jove. Eso me facilita las cosas para conocer a grandes personalidades del cine, y algunas de ellas hacen que mi admiración por su faceta profesional se extiendan al plano personal por su sencillez, que es lo que realmente les hace grandes: Rodolfo Sancho, Xenia Tostado, Iris Lezcano, María Almudéver, Enrique Arce, Jack Cardiff,  Félix Murcia, Richard Lester, Miguel Ángel Silvestre…

 

 

 

En 2009 tengo una nueva participación en el “mundo de la farándula”: figuración en la serie de RTVV L’Alqueria Blanca

 

En Julio de 2009 tenemos una nueva ocasión de ver a Bruce Springsteen en directo. Esta vez en el estadio de Folletes, en Benidorm. La organización fue fantástica, lo que nos permitió hacer cola con mi hija María, que entonces tenía 7 años recién cumplidos. Pudimos ponernos en primera fila, a un lado. Springsteen pasó por allí en diversas ocasiones y pudimos tocarlo. Le chocó la mano a María. Más tarde, cuando cantó Waiting On A Sunny Day, vino a cantar con ella, y las imágenes salieron no sólo en las pantallas gigantes del concierto, sino en las principales cadenas de televisión. Ver: María y Bruce

 

 

 

 

 ACTUALIZANDO…

 

 

CONCLUSIONES

 

 

 

Después de este recorrido por mi vida me doy cuenta de que no hay nada mejor que disfrutar de quienes quieres, y yo tengo a tantas personas que disfrutar que me falta tiempo.

 

 

 

– Confiésalo. Has llegado hasta aquí saltando. No has sido capaz de leer todo eso de arriba, ¿verdad?

 

ACTUALIZANDO…

 

 

 

 

Carlos

Maluenda .com

 

Mis mundos

Sobre mí

Mi historia comienza a gestarse en Monóvar empezado el año 1970, cuando mis padres, teniendo ya dos retoños varones (Rafael y Lorenzo) deciden tener una nena. Pero yo, que desde muy pequeño fui un rebelde, decidí engendrarme niño también. Así que mis padres, que no se lo tomaron a mal, todo hay que decirlo, decidieron llamarme Carlos, y dejar el nombre de Adela para la siguiente ocasión, que entonces sí les resultó.

DYKWIM? Cap.167 Glow, Gavin James. Recita Carlos Maluenda

¿Qué nos cuenta esta canción? Escucha la versión acústica de Glow, de Gavin James, así como su letra adaptada al castellano y recitada por Carlos Maluenda.

DYKWIM? Cap.219 I Wish I Were Blind, Bruce Springsteen. Recita Carlos Maluenda

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